sábado, 20 de febrero de 2010

Barranco, Alianza…Constantino

El día que Alianza le ganó a Estudiantes de la Plata estuve caminando por Barranco con J. No presagiábamos lo que vendría luego, aquella mágica noche de juego bonito. Las últimas veces que he caminado por Barranco he tenido la hueca sensación que algo se incrustó hace unos años: la invasión de un gran orifico invisible que tiñó de gris todo ese espacio tan amigable de tradición. La magia de Barranco se fue al traste con la muerte de Constantino, al menos para mí. Constantino era Barranco, o parte de él y viceversa. Él creó ese orificio descomunal, ese malestar tan corrosivo de no-vida, de desamor. Quizá aún no haya duelo en mí.

El último jueves, ver ganar a Alianza fue... no encuentro signo para describirlo. Curioso recordar a Constantino, tan intensamente, aquel mismo día de la épica grone. Nada es casualidad, ¿no? Por unas de las calles me pareció ver al joven jugador Luis Trujillo en un bello auto rojo. Fue imposible no pensar en las generaciones de jóvenes jugadores que pasaron por Los reyes rojos y que aprendieron a hacer del mundo suyo, interior, un lugar menos agresivo.

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