viernes, 7 de mayo de 2010

Entre el cine show y el cine arte…Crepúsculo y Déjame entrar



Hace algunas semanas vi estas dos películas que pendulan bajo el tema del vampirismo. Entonces, me resultó inevitable compararlas. Ambos films están basados en libros con distinta suerte: Twilight (2005) de Stephenie Meyer, convertida ya en bestseller y secuelas, y la otra, Déjame entrar (2004) de John Ajvide Lindqvist, con menor éxito comercial, pero con traducciones a algunas lenguas (entre ellas el inglés y el español). En el caso de Déjame entrar es importante destacar la participación del Ajvide en la adaptación fílmica.

A nivel espacial ambas películas no desarrollan su acción narrativa en grandes ciudades o en el centro mismo de una ciudad, sino en lugares periféricos y pequeños, ya sea el pueblo de Fork o un suburbio de Estocolmo. Los personajes inmersos en este espacio son jóvenes: el caso de Bella (17) y Oskar (12), que viven en el seno de una familia disfuncional. Bella acaba de mudarse para vivir con su padre y Oskar vive con la madre y visita los fines de semana a su padre. Ambos son hijos únicos.

De otro lado, si en algo coinciden los vampiros de ambos films es que son cubiertos por un aire de androginia, el caso más explícito y complejo es el de Eli (luce como niña, pero su rostro tiende a la masculinidad, sumado su caótico cabello negro azabache). Pero, Oskar también luce andrógino, angelical, casi asexuado (el cabello largo y rubio, el cuerpo delgado recuerda al bello Tadzio de Muerte en Venecia). El caso menos notorio es el de Edward, el vampiro de (Crepúlsculo), su palidez, sus labios intensos y su mirada profunda parecen delineados y le otorgan un aire femenino. Eli también destaca por la cicatriz en el pubis, ¿acaso, en la película, se sugiere una ablación? Estableciendo correlato con el libro queda mucho más clara esa fugaz imagen, en el libro se alude que en algún momento Eli fue niño.

Diferencias:

Si bien, la figura del vampiro es una alteridad en relación a lo humano (alguien que en “esencia” dejó de serlo abruptamente en determinado momento) y, por tanto, deja de inscribirse a una especie y a su cultura, podemos encontrar matices en la construcción de Edward y Eli: Edward a pesar que es percibido como raro o extraño, se inscribe menos conflictivamente dentro de de su comunidad: colecciona discos de música, vive en una casa bella con un orden convencional, conduce un moderno auto, usa gafas llamativas (es un vampiro acomodado), en definitiva su ex-centricidad tiene un halo misterioso que no provoca repulsión, sino atracción. Por el contrario, Eli representa una alteridad más radical, por lo tanto, más perturbante: está mucho más vinculada con lo crudo (bebe solo sangre humana y no de animales como Edward), no es capaz de alimentarse de comida humana (cocida), su cuerpo expresa un rechazo visceral representado en el vómito (pareciera que Edward si podría consumir alimentos, pues en una escena vemos a su familia cocinando comida italiana para Bella), Eli vive en un departamento que no tiene muebles, duerme en la bañera, debajo de varios cobertores, su situación es más precaria y marginal. En definitiva, está más alejado de lo humano, su ex-centricidad es mayor, es más salvaje y atemorizante. Aunque ambos coinciden en tratar de acatar los imperativos culturales para atenuar su “diferencia”, para pasar desapercibidos y así sobrevivir: Edward solo consume sangre de animales y Eli no quiere matar para conseguir sangre, le encarga el trabajo a otro (humano) En ambos casos lo hacen para negar su identidad.

Carencias y afectos:
Bella y Edward, dentro de sus excentricidades, son personajes más típicos, menos problemáticos; por el contrario, Oskar y Eli nos presentan figuras mucho más complejas: por su ambigüedad sexual, por su naturaleza más salvaje en una y por su desarraigo social en el caso de Oskar (es víctima de abusos sistemáticos en el colegio, no tiene amigos, etc.). Incluso, los padres de Bella se inscriben en esa simplicidad: ambos son heterosexuales. En el caso de Oskar se sugiera la homosexualidad del padre (la visita de un amigo que quiebra el vínculo cercano y amigable en una fría noche de sábado).

Bella y Edward parecen jóvenes que se enamoran por simple atracción. Por el contrario, Oskar se encuentra sumido en un estado de carencia y el azar le da la oportunidad de conocer a Eli. Entre ellos hay más que pasajera atracción o flechazo. Oskar necesita conexión con alguien para poder ser y construir una identidad que se aleje de lo enajenante: cuando Oskar no conocía a Eli, solía mirarse en el vidrio que daba a la calle, a la oscuridad, a la nieve; ese reflejo le devolvía una imagen distorsionada, difusa de sí mismo, una imagen que producía cierto vértigo bajo el fondo oscuro. O cuando realiza el acting de defenderse de sus agresores apuñalando un árbol. Oskar ya no se mira en ese espejo aberrante ni se deja abusar luego de conocer y estar con Eli. A su vez, Eli necesita de alguien, su antiguo acompañante, un hombre ya mayor, se ha suicidado luego de un intento fallido por conseguir sangre, la policía lo ha apresado y pueden dar con el paradero de Eli. Por ello, la pequeña vampira también necesita a alguien que la acompañe, que la endoculture, en ambos hay carencias que se pueden llenar a partir del otro.

En el epílogo, cuando lo mejor para ambos parece ser la distancia, (Si Eli no se va pueden dar con ella) Oskar nuevamente se mira en el espejo y vuelve a ver esa imagen distorsionada, sin límites claros. Eli vuelve y restaca a Oskar, esta vez de las garras de un chico mucho mayor que él. Ambos parten en un tren sin destino. Alfredson, el director, ha descrito el final de su película como un happy ending. No sé si sea un final feliz, pero si me sentí reconfortado viendo a esos "chicos apatridas" partiendo juntos a una vida que se augura incierta y extraña, pues lo incierto y extraño lo es menos si tienes unos ojos en frente en los cuales representarte bajo un halo mejor contorneado y claro.

viernes, 30 de abril de 2010

Un inédito de Gramsci

Fuente: www.pagina12.com.ar

A continuación, en forma íntegra, el artículo juvenil de Gramsci sobre la cuestión armenia, publicado en El Grito del Pueblo, el 11 de marzo de 1916:

“Es siempre la misma historia. Para que un hecho nos interese, nos toque, es necesario que se torne parte de nuestra vida interior, es necesario que no se origine lejos de nosotros, que sea de personas que conocemos, de personas que pertenezcan al círculo de nuestro espacio humano.

“En Padre Goriot, Balzac hace formular a Rastignac la siguiente pregunta: ‘Si cada vez que comiese una naranja, muriera un chino, ¿desistiría usted de comer naranjas?’. Y Rastignac responde más o menos lo siguiente: ‘Las naranjas están cerca de mí, yo las conozco, los chinos están tan distantes que no sé si realmente existen’.

“Tal vez nunca llegaremos a dar la respuesta cínica de Rastignac. Entre tanto, cuando vimos que los turcos masacraban a millones de armenios, ¿sentimos el mismo dolor agudo que experimentamos cuando somos testigos del sufrimiento y la agonía, o cuando los alemanes invadieron Bélgica? Es una gran injusticia no ser reconocido. Eso significa quedar aislado, cerrarse en el propio dolor, sin posibilidad de contar con el apoyo de afuera o de la comparación. Para una nación significa la desintegración lenta, la anulación progresiva de los lazos internacionales. Significa ser abandonado, quedar indefenso frente a los que no tienen razón, pero sí tienen espada y dicen cumplir un deber religioso a través de la destrucción del infiel. Así, en sus momentos más dramáticos, Armenia solamente recibió unas pocas expresiones verbales de conmiseración y de repudio a sus ejecutores. ‘Las masacres armenias’ se tornaron proverbiales, pero fueron apenas palabras que sonaron huecas y fallaron en configurar las imágenes de hombres de carne y hueso. Hubiera sido posible obligar a Turquía –dependiente como era de todas las naciones europeas– a no atormentar a quienes tenían como único deseo ser dejados en paz.

“Nada fue hecho, o por lo menos nada que produjese resultados concretos. Apenas Vico Mantegazzo citó, ocasionalmente, a Armenia, en sus prolijas divulgaciones sobre política oriental. La Primera Guerra Mundial levantó, una vez más, la Cuestión Armenia, más sin mucha convicción. Cuando Erzerum cayó en poder de los rusos la retirada de los turcos de los territorios armenios recibió en nuestra prensa menor espacio que el dedicado al aterrizaje del Zeppelin en Francia.

“Los armenios que están desplegados por Europa debían habernos hablado sobre su país, su historia, su literatura. Lo mismo que aconteció en Persia, ocurrió con Armenia. ¿Quién sabe que los grandes árabes (Avicena, Averroes y otros) son en verdad persas? ¿Quién sabe que casi todas las cosas que pertenecen a la civilización árabe son en realidad persas? O aún más, ¿cuántos de vosotros tenéis conciencia de que todos los esfuerzos recientes para modernizar Turquía se deben a los judíos y a los armenios?

“Los armenios deberían haber hecho conocer Armenia. Deberían haberla traído a la vida y a las mentes de los que la ignoran, que nada saben a su respecto y que por eso no le tienen simpatía.

“Alguna cosa está siendo hecha en Turín. Una revista llamada Armenia está siendo publicada, y a través de diferentes colaboradores se habla sobre el pueblo armenio: quiénes son, qué quieren, en qué se pretenden transformar.

“En ese proyecto, debe ser incluida la publicación de varios libros que introduzcan más persuasivamente y con mayor fuerza a la historia, la cultura, la poesía y la lengua del pueblo armenio.”

Hasta allí Gramsci. Siempre un adelantado. Siempre con los que sufren. Los argentinos, en los organismos internacionales, debemos luchar para que Turquía reconozca su genocidio en todos sus detalles. Nosotros, que en nuestro territorio ocurrió el nefasto método de la “desaparición de personas”, uno de los peores crímenes masivos de la historia de la humanidad, la llamada “muerte argentina”, tenemos ese deber de conciencia.

viernes, 23 de abril de 2010

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS (Tim Burton)




La película representa dos mundos: la alta clase inglesa del siglo XIX y El País de las Maravillas. Si algo diferencia marcadamente ambos mundos es que en el primero, los hombres ejercen el poder, el control, la hegemonía; en el segundo, las mujeres lo hacen en una dualidad marcada por la oposición (Reina Blanca y Reina Roja). Ambos mundos son articulados por Alicia, pues es la única que transita entre uno y otro. Su mundo, sociedad inglesa, es un mundo con marcadas convenciones y reglas asfixiantes que condicionan la libertad de la mujer. Alicia transgrede este mundo a través de actos tan simples pero definitorios: no usar medias ni corsé. Además, está a punto de ser comprometida con un hombre que no le produce ninguna afección positiva. El amor signado por el deseo sexual y en enamoramiento no es posible.

El Mundo de las Maravillas simbolizaría un proceso interior y personal en el cual Alicia decide enfrentarse a todos esos mandatos que le exigen un modo particular de ser. La lucha final con el monstruo y su victoria simbolizaría un no rotundo contra lo que se esperaba de ella (un compromiso que se consumaría en el matrimonio y la crianza de los hijos. En definitiva, una vida restringida al ámbito privado). Finalmente, su libertad termina consolidándose con un viaje lejano a una colonia inglesa (China).

Entonces, el discurso de la película repite sin mayor innovación el discurso reivindicativo de la libertad y autonomía de las mujeres que se ha ido asentando en los últimos cuarenta años y que hoy forma parte de la oficialidad en el mundo occidental. Si bien Alicia es escogida como lideresa en la cruzada contra la Reina Roja porque tiene una sensibilidad particular para percibir la naturaleza (más allá del oráculo, ella ve al conejo que lo guía al inframundo). En este sentido sigue el estereotipo que afirma que las mujeres están más vinculadas a la naturaleza (por su capacidad reproductiva y nutricia) que a la cultura (patriarcal, monopolizada por los hombres). Obviamente, la cultura goza de mayor status (Sherry Ortner). Si en algo coinciden Alicia, La Reina Blanca y La Reina Roja es en el contacto más próximo con los animales: Alicia es sensible al contacto con ellos (mientras baila antes de ser comprometida, pierde el compás al ver el vuelo de las aves), La Reina Roja esclaviza a los animales y La Reina Blanca aboga por una relación más igualitaria entre la especie humana y estos. Además, esta reina tiene prácticas de brujería (en una escena se la ve preparando una poción). Nuevamente, se cae en el estereotipo de mujer como bruja. Durante la caza de brujas en el siglo XVII la proporción entre brujas y brujos fue de 8 a 1 (Álvarez Uría). Es decir, la mujer nuevamente vinculada con lo irracional, alejada del paradigma que gobernó la modernidad. Finalmente, Alicia tiene que tomar rasgos de masculinidad para vencer al monstruo: armadura (invulnerabilidad) y espada (forma fálica). Es decir, Alicia necesita ser una mujer fálica para dar muerte a todos sus resquemores. La pregunta que queda abierta es si no habría otras formas para alcanzar la libertad.

viernes, 2 de abril de 2010

Hay días que las tetas me persiguen By Pedro Mairal

hay días que las tetas me pesiguen
a partir de noviembre sobre todo
las tetas me provocan a su modo
me buscan y me apuntan y me siguen
con el calor asoman se acrecientan
inundan sobresalen en su altura
con su poder plural y su bravura
las tetas en noviembre me atormentan
llenan todo de sed y van triunfantes
se posan en el aire y al mamífero
lo abisma tanto escote tan mortífero
le duele tanta vida por delante
yo me quiero morir arrinconado
por un gran par de tetas sepultado

miércoles, 24 de febrero de 2010

Me regalas un par de medias color cebra

Me regalas un par de medias color cebra. Me las calzo. Obviamente sabes que estoy alcoholizado y no dices nada…habrá que guardar silencio e intentar bailar los pasos de sobriedad.
Te veo después de mucho, Antonio. Veo que las cosas te han ido bien. No recuerdas la última vez que estuvimos ceremonia en el lugar más inesperado del mundo, en uno de esos edificios que asaltan la plaza San Martín.
Ella quiere que sea su Virgilio en una nueva ceremonia a tu lado. Río cuando me lo dice. El borde de la trama no tiene día. Últimamente he tenido sueños intensos. Como esto que te cuento. Me regalas un par de medias color cebra

sábado, 20 de febrero de 2010

Barranco, Alianza…Constantino

El día que Alianza le ganó a Estudiantes de la Plata estuve caminando por Barranco con J. No presagiábamos lo que vendría luego, aquella mágica noche de juego bonito. Las últimas veces que he caminado por Barranco he tenido la hueca sensación que algo se incrustó hace unos años: la invasión de un gran orifico invisible que tiñó de gris todo ese espacio tan amigable de tradición. La magia de Barranco se fue al traste con la muerte de Constantino, al menos para mí. Constantino era Barranco, o parte de él y viceversa. Él creó ese orificio descomunal, ese malestar tan corrosivo de no-vida, de desamor. Quizá aún no haya duelo en mí.

El último jueves, ver ganar a Alianza fue... no encuentro signo para describirlo. Curioso recordar a Constantino, tan intensamente, aquel mismo día de la épica grone. Nada es casualidad, ¿no? Por unas de las calles me pareció ver al joven jugador Luis Trujillo en un bello auto rojo. Fue imposible no pensar en las generaciones de jóvenes jugadores que pasaron por Los reyes rojos y que aprendieron a hacer del mundo suyo, interior, un lugar menos agresivo.

domingo, 24 de enero de 2010

TRANSFORMEMOS EL PERU

¿En qué momento se jodió el Perú? Hace décadas que buscamos la respuesta y siempre terminamos echándole la culpa a quienes nos han gobernado. Y por más que querramos deslindar nuestra responsabilidad por la crisis social que asfixia al Perú, compartimos demasiados habitos que nos hacen muy parecidos a quienes culpamos y criticamos. Es esa "viveza" que alimentamos todos, días tras día, la que no nos deja salir del subdesarrollo. ¿Qué tan vivo eres tú?